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LAS MICROFRANQUICIAS EN LA VENEZUELA DEL 2018

Estamos convencidos de que por la imposibilidad económica de hacer grandes inversiones, la complejidad para encontrar proveedores estables, por la dificultad de arrendar grandes espacios, la escasez de divisas y por muchos otros elementos financieros, laborales, logísticos y sociales que componen la dinámica y compleja situación nacional, emprender a pequeña escala amparados bajo un formato de microfranquicias es la alternativa que mejor se adapta y más le favorece a la mayoría de las personas que desean emprender un nuevo negocio.

Es un hecho que la enorme distorsión económica actual impide el normal desarrollo de las actividades industriales y comerciales que por tradición han venido ejecutando cientos de empresas franquiciantes en nuestro país, por lo que a las franquicias que hacen vida en Venezuela se les presenta hoy en día la necesidad de reinventarse para poder adaptarse al entorno y poder servir a sus clientes bajo condiciones muy singulares y desfavorables, probablemente únicas en el hemisferio.

Debemos considerar que casi todas las grandes empresas e industrias nacieron como microemprendimientos, fruto de la actitud de personas que se atrevieron a consolidar una idea y a desarrollarla, generando conocimiento y transformándolo en innovaciones, aún en ambientes hostiles.

Se nos presenta ahora la posibilidad de explorar y segmentar mercados y de diseñar productos y servicios que satisfagan las modernas necesidades de una generación de clientes con expectativas muy altas, mucho más exigentes y con una cultura distinta, que genera una demanda de items que hasta hace poco tiempo no existían. También tenemos la posibilidad real de cubrir las deficiencias de proveedores consagrados en la oferta de productos y servicios tradicionales, de consumo masivo, con nuestras propuestas basadas en innovaciones y adaptaciones, que nos permitan ganar la batalla de la elección y compra.

Cada una de las microfranquicias que se funden en el país, bien gerenciadas, tiene el potencial de generar un gran impacto socioeconómico, ya que pueden ser operadas por empresas familiares formalizadas, con altas probabilidades de prosperar y de superar los cinco años de existencia, que generen puestos de trabajo productivos, estables, permanentes y bien remunerados. De esta forma, las microfranquicias pueden contribuir con la recuperación de la economía del país, porque por su naturaleza, éstas son de bajo costo y pueden tener una amplia cobertura de mercado y pueden permear hasta las comunidades de menor poder adquisitivo en los sectores populares, contando con un favorable reconocimiento y buen nivel de rentabilidad, lo que sin duda afecta positivamente el potencial comercial y económico de cualquier microempresario, en el rol de franquiciante o de franquiciado indistintamente.

Una microempresa tiene la capacidad de convertir ideas e inventos en un nuevo negocio y posteriormente, en una nueva industria, generando conocimiento y aplicándolo. Imaginemos entonces el poder que tendría una de estas unidades convertida en una red de franquicias. A mi modo de ver, esto es una herramienta muy potente para estimular el crecimiento económico y masificar la prosperidad en sectores desatendidos.

Poner las esperanzas de recuperación económica de Venezuela en el sector de las micro, pequeñas y medianas empresas e industrias sería una estrategia brillante, pero tratar de convertir a un buen número de éstas a modelos de negocio que operen y se expandan bajo formatos de franquicia, sin duda alguna sería una jugada sabia, ya que esa acción representaría asegurar la mayor posibilidad de que se reactive gran parte del aparato productivo, comercial y de servicios.

El reto que nos queda por delante es convencer a los ciudadanos del poder transformador e integrador de las microfranquicias, del potencial que éstas tienen para combatir la pobreza mediante la creación de riqueza al alcance de personas comunes, pobres inclusive, que deseen emprender para prosperar. Para ello debemos generar una opinión pública calificada que promueva estas ideas en la academia, en los espacios públicos, en los gremios, en las instituciones, en las escuelas, en las calles y en cualquier espacio o ambiente, con el objetivo de convertir al microemprendimiento y a las microfranquicias en una cultura, en una idiosincrasia y en un sentimiento nacional.

¿PUEDE EL SISTEMA DE FRANQUICIAS ERRADICAR O DISMINUIR LA POBREZA?

La pobreza es una condición inhumana en la que las personas sobreviven sin lograr cubrir las necesidades básicas propias y de su familia. Aunque sus causas son multifactoriales, en gran medida la pobreza económica se debe a condiciones laborales indignas o sub-remuneradas, al empleo inestable y al desempleo.

Pero ¿Quiénes generan los empleos perdurables y bien remunerados? Solo los emprendedores que logran convertir sus ideas en proyectos y sus proyectos en negocios, empresas e industrias sostenibles y productivas. Los emprendedores que logran poblar de empresas vivas y activas el territorio nacional y que logran colocar en el mercado productos y servicios que satisfacen las necesidades de la gente, dinamizando así la economía. Este es el argumento por el cual afirmo que “el emprendimiento es la vacuna contra la pobreza”.

El problema es que la inmensa mayoría de los aventureros emprendedores que inician una actividad comercial, no están capacitados para emprender, al no contar con facultades, conocimientos, aptitudes, ni competencias para tal fin. En gran medida emprenden por la mera necesidad de solventar apremiantes compromisos financieros, como una solución alternativa al desempleo. De esta forma, el emprendimiento masivo es improvisado y genera un alto índice de fracasos en el mundo entero.

Para resolver este problema tenemos dos opciones: La primera es masificar el emprendimiento desde la escuela, convirtiendo a los alumnos del sistema escolar en potenciales emprendedores y futuros generadores de empleos formales. Pero para tener éxito con este plan a mediano y largo plazo el emprendimiento debe ser considerado una asignatura obligatoria desde primaria hasta finalizar el bachillerato, porque es una materia de la cual depende el desarrollo económico de los países, pero que es subestimada por las autoridades. Debe ser guiado y los alumnos deben ser orientados por especialistas en emprendimiento, no por maestros teóricos. Por otro lado, la segunda opción es la concientización y adopción masiva de las bondades de los emprendimientos asistidos, emprendimientos de segundo grado o  emprendimientos bajo sistemas de franquicias.

No hay que olvidar que las franquicias son generadoras de conocimientos validados, transferidos a la red y aplicables de inmediato en el mejoramiento de productos y servicios, ampliando y enriqueciendo los mercados, por lo que representan un factor determinante en la erradicación de la pobreza.

Imaginemos el impacto socio-económico de un sistema masivo de asistencia gerencial o de franquicias que oriente y apoye a todos los micro-emprendedores que hacen vida en la economía nacional. Imaginemos por un instante que se logren desarrollar masivamente modelos de negocio replicables, con estandarización de imagen, agrupados en distintas marcas, con estandarización de servicios, que al menos forme con nivel técnico a los trabajadores, que brinde apoyo técnico, financiero, legal, de producción, contable, fiscal y estratégico a cada una de las microempresas. Sin duda alguna, si esto ocurre los registros mercantiles, los galpones, fincas, locales y oficinas pasarían de ser un cementerio de empresas muertas, a ser jardines de oportunidades comerciales, económicas y laborales. La esperanza de los emprendedores estaría floreciendo a diario, la economía se reactivaría y habría crecimiento verdadero, orientándonos hacia el desarrollo verdadero.

El sistema de franquicias está llamado a ser la punta de lanza de la recuperación económica del país, porque representa la forma más eficaz de incluir a los pobres dentro del sistema productivo sin ser explotados, como emprendedores o como trabajadores. Millones de micro-emprendedores asistidos y guiados es lo que requiere el país para prosperar, para exportar y generar divisas, para generar nuevos conocimientos, patentes y oportunidades. Las microfranquicias son la clave del desarrollo verdadero, de la distribución más equitativa de la riqueza y de la paz social.

El micro emprendimiento asistido o bajo el sistema de franquicias (microfranquicias) debe entenderse como un tema de interés estratégico nacional, vinculado directamente a todas las políticas económicas y sociales, a todos los planes de desarrollo y a todos los planes educativos, ya que representa una la solución viable y factible al desempleo y a la pobreza, por ser una herramienta que sirve para generar autoempleos y empleos secundarios inmediatos.

¿Qué podemos hacer al respecto quienes estamos vinculados a las franquicias?

Tenemos el deber moral de difundir las ideas y educar a la población en cuanto a las bondades del sistema de franquicias y al impacto real de éste, especialmente de las microfranquicias, en la economía y en la reducción de la pobreza. Tenemos que lograr que quienes producen modelos de franquicias las compartan con personas de bajo poder adquisitivo para que desarrollen sus negocios pequeños bajo estos esquemas y marcas. Debemos hacer sinergia para sensibilizar a las autoridades nacionales, regionales y locales sobre la importancia del emprendimiento asistido o sistemas de franquicias. Debemos multiplicar exponencialmente el sistema, en número de franquiciantes, en número de franquiciados, en número de tiendas abiertas, en volumen de transacciones y en peso económico. Debemos brindarle oportunidades a los pobres para que ingresen a los distintos modelos o marcas con una baja inversión para que logren compartir la prosperidad de las distintas redes comerciales. Debemos exponer nuestras ideas y conocimientos en los medios de comunicación masivos. Debemos hacer que la banca comprenda la importancia del sistema y que comience a apoyar a los protagonistas del sistema. Tenemos que generar bibliografías y documentación académica. Debemos sanear y optimizar el sistema y el gremio.

Tenemos que hacer de las franquicias un estilo de vida y una ideología del progreso compartido. Debemos convertir e incluir al sistema de franquicias en una política pública que logre permear y beneficiar a todos los niveles de la sociedad. Tenemos que convertir a las franquicias en un eje de desarrollo comercial, industrial y social.

Por Simón Milá de la Roca G. @smiladelaroca @CoachdeFranquicias @TenerDineroCom

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