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¿Por qué fracasé como emprendedor?

Muchas personas, entre ellas millennials, emprendedores y los del team Z, se escandalizan cuando uno habla de fracaso, parece que asumir y/o aceptar el fracaso se convirtió en un tabú o algo similar, puede ser que tanto coaching y Herbalife nos lavaron el cerebro, y no estoy hablando de que debemos ser personas pesimistas, lo que trato de explicar es que hablar de los fracasos debe ser una herramienta para advertirnos a nosotros mismos cuál camino no debemos tomar nuevamente y, aunque suena fácil, no lo es, es una situación compleja que amerita tiempo suficiente para ser captada, asimilada y/o entendida.

Para los que no me conocen, mi nombre es José Javier, soy un emprendedor venezolano y por la complicada situación de Venezuela, tuve que emigrar de mis costumbres, de mis creencias, de mis raíces y de mi gente, cosa que no ha sido para nada sencillo, pero en gran parte ha sido beneficioso. Llevo ya unos seis meses buscando cómo legalizarme para volver a emprender, pero ha sido un largo proceso que me ha permitido pensar en las cosas que hice mal y darme una palmadita en la espalda por las que hice bien; realmente, pienso que si no hubiese sido por la situación tan difícil en la que se encuentra sumergida mi Venezuela, hubiese emprendido una vez más y, lo más seguro, cometiendo los mismos errores, porque así somos los emprendedores, estamos tan llenos de optimismo que seguimos cometiendo los mismos errores, pero de la mano de la frase “sí se puede”.

No es para nada sencillo ser emprendedor, pero no se aprende a emprender en libros, se perfecciona el arte, se aprenden trucos y herramientas, pero, como dicen, “solamente aprendes a conducir un vehículo manejándolo”, ahí, en medio de eso, es el único momento donde podemos decir “estoy manejando”, pero también, durante ese proceso, se nos apaga el auto, casi chocamos con otros vehículos, ponemos el pie en el acelerador y el freno al mismo tiempo y, en casos más extremos, estrellamos el auto de nuestros padres.

“¿Qué cosas haría si tuviera mucho dinero y tiempo?”, esa fue la interrogante que surgió durante el proceso de entender que los errores también son parte del aprendizaje y, la misma, dio origen a muchísimas ideas, me hizo pensar en cosas que me apasionaba hacer, en hacerlas nuevamente y en inventar otras, pero también hizo necesario decirme a mí mismo: “Ahora tienes tu realidad, no tienes mucho dinero y tampoco mucho tiempo”, entonces, concluí con que de ahora en adelante debo hacer que mis sueños sean profitables (rentables) y escalables, preocuparme por los pequeños pasos y hacer que cada uno de ellos sea rentable, lo que incluye no hablar de lo que haré, sino comenzar a preocuparme por lo que hago. Como emprendedor, siempre hablaba del “haremos”, “iremos”, “lograremos”, pero la realidad era que necesitaba mejores clientes, necesitaba entender más el negocio, necesitaba aprender más, pero solo estaba enfocado en cómo serían mis sueños y no me daba cuenta de que me acercaba a la tormenta perfecta, el Clusterfuck.

El Clusterfuck no tiene una traducción exacta en español, pero se puede describir como ‘el gran caos’, ese momento de pánico que puede llegar a la vida de cualquier emprendedor de forma repentina y que reúne una serie de estaciones o checkpoints:

La primera estación es la ilusión, no tener ni la más mínima idea de los sueños que queremos cumplir, ya que nos basamos en datos irreales (aquellos que están, únicamente, en nuestra cabeza), creyendo que la idea, como la generamos nosotros, es, como decimos en Venezuela, un tiro al piso.

La segunda estación es la impaciencia, sacar una idea sin estar lo suficientemente preparados. Debemos saber que para llevar a cabo un proyecto basado en una idea es necesario documentarse de muchas maneras, pero, en muchos casos, no nos tomamos ni siquiera el tiempo de pensar, de hacer una cosa a la vez, sino que enfocamos nuestros pensamientos y llevamos a cabo acciones guiadas hacia el objetivo de mostrar lo mejor, gastando todo el dinero para comprar o alquilar la mejor oficina, contratando el mejor personal y haciendo una campaña de marketing inmensa de un producto que ni siquiera nosotros mismos hemos probado. Para muchos casos, un ejemplo práctico sería el de alguien que diseña prendas de vestir, la impaciencia lo llevaría a gastar su dinero diseñando y confeccionando toda la colección de ropa, pero ¿qué pasaría si a la gente no le gusta lo que está haciendo?, ¿se tomó un momento para siquiera pensar y/o preguntar? Lo correcto es crear una base sólida, estable y equilibrada que sea suficiente para conseguir como resultado algo que puedas enseñarle a un cliente, sin contarle al cliente lo que harás con el producto, dejando que él te cuente y te haga saber cómo podrías mejorarlo para que, así, puedas hacer una comparación con la ilusión que tienes del mismo.

La tercera y última estación es la incompetencia que, para mí, la incompetencia al emprender no tiene que ver con la falta de conocimientos que tengas, sino con el momento en el que la ilusión y la impaciencia nos ganaron la batalla; el resultado es que nos convertimos en incompetentes, personas que realizan una labor sabiendo que las condiciones no están dadas para que los objetivos sean cumplidos de manera efectiva, algo así como abrir un hueco mientras está lloviendo.

Si tú ya emprendiste y fracasaste, busca en el pasado, en todo lo que te sucedió, las tres estaciones, hasta ubicarlas por ti mismo y tenlas presentes en tu día a día.

También hice algo que me ayudó bastante a reprogramar mi cerebro y fue anotar en una hoja de papel todos los sueños que tenía, basados en un proyecto específico que tengo pensado llevar a cabo en el país en el que me encuentro y, al mismo tiempo, todo esto basado en un ejercicio que me enseñó un amigo, Ottnayver Cadena, y que lo aplicamos para enseñar a los jóvenes a emprender en un programa llamado RetoMantra, pero pensé que no todo podía ser bonito y fue cuando recordé un ejercicio o una estrategia llamada Pre-mortem sobre la que leí una vez en un libro y que puede ser aplicada en cualquier situación o circunstancia de la vida; se trata de ir al futuro e imaginar que tu idea fracasó y contarte a ti mismo qué cosas provocaron ese fracaso. Es un ejercicio bastante bueno.

A pesar de que mucha gente diga que se debe pensar positivamente en cualquier situación, puedo decir que, personalmente, aprendí que es necesario tener una actitud positiva, pero teniendo en cuenta todos los escenarios, ya que, a veces, nos metemos en un papel de pensamiento positivo y solamente vemos el lado bonito y bueno de las situaciones, pero hay que estar atentos a las posibilidades y circunstancias negativas que pudieran presentarse y tener un plan para abordarlas, pero ¿cómo abordamos una situación si nunca la tuvimos en cuenta? Pues, si tu conocimiento y tu capacidad de respuesta no te fallan, quizás salgas vivo de la situación, pero lo más seguro es que salgas muy herido de ahí y, en mi caso, ya yo salí muy golpeado de una batalla similar y no quiero volver a pasar por lo mismo, no estoy exento a que me suceda nuevamente, pero quiero evitarlo. Mi consejo es que debemos estar atentos a los Clusterfuck en nuestras vidas.

Poco a poco me gustaría seguir contándoles qué cosas me sucedieron y me suceden en este proceso de cumplir mi sueño. También me gustaría saber más de sus procesos, de eso que les pasó, ¿pudieron identificar el Clusterfuck de su vida?

Actualmente soy proveedor de tecnologías web de la Cámara Venezolana de Franquicias – Profranquicias y he aprendido a re formular mis emprendimientos gracias a los fracasos, cuéntame que te pareció el articulo o si tienes algún otro comentario puedes hacerlo tuiteandome , mi blog: www.opinomio.com

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