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El Tercer Brazo de las Franquicias

La humanidad se encuentra frente a inmensos retos que demandan solución. Ya sumamos más de 7 mil millones de personas, nuestro espacio terráqueo se achica y los recursos requieren ser explotados con la mayor eficiencia para garantizar nuestra convivencia y multiplicar el bienestar. Loables esfuerzos se hacen pero su insuficiencia es más que evidente, lo que intensifica el compromiso de la generación presente, justamente la nuestra.

Pobreza, medio ambiente, minorías, infancia, géneros, libertades, democracia, corrupción, son algunos de los principales problemas y el mundo empresarial no se excluye en responsabilidad. Todo lo contrario, la comunidad empresarial es cada vez señalada con más ahínco como factor fundamental de sus causas, quizás ante la propia frustración social de no encontrar soluciones y la necesidad humana de identificar culpables. Si bien es cierto muchos grupos empresariales arribaron a sus dimensiones, a veces exageradamente grandes, sobre altos costos ambientales y sociales, la realidad es que ese señalamiento nos está englobando a todos los empresarios, grandes, medianos, chicos y hasta micros, de forma injustamente generalizada.

Es frecuente escuchar y leer que entre los grandes culpables de la pobreza, están los empresarios; y de los daños ambientales, están los empresarios, y sucesivamente en incremento. Así el gran reto empresarial se centra en ¿qué hacer? y ¿cómo responder?, pero no a la  sombra de organizaciones filantrópicas ni organismos multilaterales, sino de forma directa, pragmática y pronta, porque a veces el silencio es sinónimo de prudencia, pero en otras el silencio otorga y en este caso la pasividad empresarial comienzan a ser incómoda.

Pero antes de accionar se deben descifrar las peticiones fundamentales presentes en todos los grupos de reacción social, desde los grupos pacíficos y analíticos, por cierto compuestos hoy por una generación estudiada y tecnológica que eleva la agudeza y nivel de su protesta, hasta los que incluso se adentran en lo radical. El clamor por mayor inclusión y menor exclusión, en otras palabras, más oportunidad y menos egoísmo, es sin duda un factor común. El desafío se concentra en poder traducir esta demanda de inclusión al leguaje de los negocios, estando además conscientes del agotamiento de las tradicionales propuestas empresariales basadas en los dos brazos históricos hacia la sociedad: con un brazo ofreciendo empleos y con el otro ofreciendo productos o servicios. Si estos dos  brazos ya no son suficientes, ¿qué más podemos ofrecer los empresarios?

Pues allí están las franquicias, que no nacieron como una solución formulada a este dilema. Recordemos que ellas nacen como un esquema más simple de repetición de unidades comerciales cediendo la inversión y hasta la gestión en manos de terceros, lo que se traducía en un aceleramiento de expansión con diversificación del riesgo. Pero sin saberlo, el esquema estaba compuesto con ingredientes esenciales que hoy se activan a otro nivel. Las franquicias se basan en que un empresario-franquiciante en lugar de guardarse el secreto, decidió que su negocio era también compartirlo invitando a otros; en lugar de hacer empresa en solitario, es formar colegas empresariales para actuar en equipo; se abandona el individualismo migrando hacia grupos interdependientes sumando sinergias. Visto de otra forma, el rol de un franquiciante es  ser un empresario forjador de empresarios. Así la franquicia puede considerarse como el esquema empresarial más incluyente conocido hasta  la fecha.

Esta novedosa manera de hacer negocios basada en el colaboracionismo está cambiando contundentemente el flujo energético de los esfuerzos humanos en pro de fines empresariales comunes, el formar grupos de propietarios cada quien dueño de su unidad, pero todos bajo el mismo concepto, activa una retroalimentación de prácticas e iniciativas y una fortaleza ante los retos y dificultades con una intensidad nunca antes vista. Las estadísticas así lo confirman al observar un crecimiento exponencial del formato en todo el mundo, de las 9 mil redes de franquicias de hace 20 años hoy día se estiman en 90 mil, multiplicadas en más de 4 millones de unidades franquiciadas y en franco crecimiento, al punto de estimar que para el 2030 existan unas 250 mil redes de franquicias a nivel mundial. Era de esperarse al considerar que estudios demuestran que el 85% de la humanidad manifiesta su deseo de tener su negocio propio, pero menos de un 10% de los nuevos negocios resulta exitoso. Por otro lado, el 80% de las unidades franquiciadas resultan viables, lo que nos lleva a concluir: en primer lugar, que el esquema es funcional; y en segundo, que parece buena idea el propiciar que esa minoría de emprendimientos exitosos se franquicien, para que sean capaces de invitar al 85% de la humanidad a una fórmula que tiene un 80% de probabilidad.

Así las franquicias rompen el molde y comienzan a extender un innovador brazo hacia la sociedad. No sólo ofrecen empleo y productos, es decir, no agotan su propuesta únicamente incorporando a las personas como empleados o clientes, sino que adicionalmente extienden un tercer brazo invitando a ciudadanos a convertirse en empresarios y apenas comenzamos a entender su real trascendencia. Este esquema y sus contundentes cifras en sus cortos 60 años de vida, puede estar significando la propuesta más eficiente del mundo empresarial al dilema explicado. No será la única ni suficiente, pero lo cierto es que es real y actual. De forma inconsciente y no planificada en sus inicios, en las franquicias estaban los fundamentos en estado de hibernación y es menester activarlos a su máxima expresión.

Por ello invitamos a toda la comunidad empresarial y especialmente a los actores del sector franquicias a racionalizar la trascendencia del modelo, que incluye cambiarle la vida a otro invitándole a ser dueño de su propio negocio y colaborarle para que sea exitoso, porque el éxito de uno redunda en el del otro. De hacer negocios y estar transformando al mundo empresarial sin saberlo, es hora invertir los factores: el cambiar conscientemente al mundo empresarial, resulta además ser un buen negocio. Esta conciencia incitará a tener mejores franquiciantes y franquiciados al comprender las  dimensiones y consecuencias de lo que representan. Es también momento de agregar dosis de altruismo a estos fundamentos y atrevernos a considerar a las franquicias, más que como un simple esquema, como todo un movimiento integrado por una tipología o especie distinta de empresarios portadores de un esquema capaz de satisfacer, así sea parcialmente, la necesidad de inclusión empresarial. Como este artículo fue deliberadamente concebido con atrevimiento, culmino arriesgándome con una predicción que mezcla expectativa y la ficción, y es que no extrañaría que algún gobierno se percate de estas premisas y se atreva, no solo a promover al sistema de franquicias, sino incluso a considerar obligatoria la franquiciabilidad de sus empresas, al menos en algunos de sus factores de operación o producción, como parte de la solución a la inclusión empresarial y que ese primer hipotético caso pueda generar un efecto en cadena. La historia dirá hasta donde llegarán las franquicias!

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